Si no quieres usar gafas todos los días, los lentes de contacto son la solución.
Son lentes correctores o cosméticos que se ponen en el ojo, concretamente sobre la película lagrimal que cuida y lubrica la córnea.
Estas lentes están formadas por un material plástico flexible, blando y transparente, y tienen una forma cóncava por un lado y convexa por el otro para adaptarse a la forma del ojo.
Son totalmente seguras siempre y cuando se sigan las normas higiénicas y sanitarias adecuadas.
Se utilizan para corregir algún defecto de la visión. Las multifocales o progresivas corrigen tanto la visión de lejos como la de cerca.
Cambian el color del ojo con un fin exclusivamente estético. Hay lentes de contacto con medida que también modifican el color del iris.
No corrigen la visión: ayudan a tratar heridas o inflamaciones como una venda protectora del ojo. Se adaptan a tratamientos de sequedad ocular, erosión, úlceras o edemas.
En profundidad antes de colocar o retirar las lentillas, y siempre que vayas a tocarte los ojos.
Mantén las lentes en una solución adecuada el tiempo necesario (normalmente entre 8 y 9 horas al día). Consulta tus dudas con la óptica.
Se hayan usado ese día o no, para mantenerlas en condiciones óptimas.
Si son de uso diario, no deben utilizarse más allá de ese plazo.
Agenda tu cita y te ayudamos a elegir el lente ideal para ti.